Percepciones de una embarazada

3555c0e840ee02f505c4edc452c99fc7Parece lógico pensar que una embarazada vive en un momento pleno en su vida, un momento en el que todo son alegrías y gozos por estar gestando una nueva vida humana. Creemos que le inundan un mar de progesterona y endorfinas (“hormonas del buen rollo”), tanto que no concebimos un ápice de inseguridad o infelicidad en tal estado de buena esperanza. Las embarazadas nos transmiten futuro, esperanza para nuestra especie, optimismo y una profunda sensación de ternura. Parece que nos apetece abrazarlas en un momento dado, al menos tocarles la magnífica tripilla en la que se alberga un nuevo bebé.

Pues bien, he de decir que desde la piel de una embarazada, la cosa cambia. He aquí un relato de una gestante, lejos de sentirse plena y en el maravilloso mundo de las nubes, parece que ha perdido, en cierto modo, su identidad como mujer. El mundo ha dejado de verla como un ser sexuado con sus bondades de fémina, para verla “a través de un velo edulcorado que te dificulta en gran medida seguir siendo percibida y tratada como tú misma”.

Lo mejor es que ella misma os lo cuente, no tiene desperdicio:

risoterapia-diario-una-volatil-L-r3zu4i “El embarazo supone una alteración esencial en la forma en que los sujetos somos sexuados por nuestros entornos. Ser quien eres se convierte en una lucha por afianzarte a tu identidad, mientras que el resto parece vivirte a través de un velo edulcorado que te dificulta en gran medida seguir siendo percibida y tratada como tú misma.

La idea de la madre, cargada de un halo de feminidad que presupone ciertos sentimientos y actitudes empieza a pesar sobre tus espaldas. Seguir siendo y manteniendo tu peculiar manera de ser sexuada, de ser la mujer que eres, sin menoscabo de las implicaciones propias del nuevo acontecimiento en tu organismo, se convierte en una tarea mucho más difícil, en tanto que se convierte en un diálogo-lucha con tu entorno.

Pese a que hay tantas formas de ser madre como de ser mujer, nos vemos sometidas a la imposición de un modelo que cuestiona tus vivencias y sentimientos, poniendo en juego además la valía de tus capacidades para serlo. Entra en juego también la noción de la “mala madre” desde el momento en que se te cuestiona por comer un trozo de jamón serrano o valorar la posibilidad de hacer una escapada (todo ahora cobra el talante del riesgo, y tú, por tanto, de la arriesgada).

El proyecto de un hijo o hija, que en principio se planteaba como algo íntimo, se convierte en un acontecimiento social que, siendo sexualmente significativo en sí mismo, supone que lo sea aún más por toda la parte social que lo engloba.

Sientes que tu propio yo se diluye, y con él tus necesidades, tus intereses y esos rasgos que te conformaban como la mujer que eras. Ya no es por ti por quien se pregunta, sino por ese supuesto alguien en quien ya debes haberte convertido, o por ese otro a quien almacenas, y que en algún momento saldrá a sustituirte.

¿Será posible recobrar la cordura y que, pese a convertirse en acontecimientos sociales, nos permitan vivirnos a nuestro peculiar modo en ámbitos que forman parte de un proyecto íntimo, personal y por supuesto, sexuado y diverso?

¿Será posible creer en la diversidad de formas posibles de vivir la maternidad y que éstas se acepten?”.